Olegario
El arte está considerado como una capacidad innata del individuo, tan solo se requiere una adecuada activación de la sensibilidad para ponerlo en marcha. Una buena parte de la Vanguardias históricas del siglo XX se nutrieron del primitivismo, del Art Brut surgido al margen de la tradición cultural y del lado irracional de la mente, adquiriendo así la autenticidad que ha llegado hasta nuestros días.
En el arte converge tanto el cuerpo como la mente. El cuerpo y su complicidad con el espacio físico, la materia y la luz, y la memoria, asida a parámetros temporales, hacen que la representación plástica y visual sublime la realidad que nos rodea por medio de un proceso intelectual de construcción de identidad.
En la práctica artística, considerada como un de los ejercicios supremos de libertad, nacida del pensamiento, las emociones y sentimientos propios, se opera un decidido poder catártico y terapéutico debido a la puesta en funcionamiento de un medio de expresión espontaneo y verdadero.
En esta exposición podemos apreciar la obra conjunta de Conchita Navarro-Roberto Coromina, en la que acontece el milagro de la transmigración genética y artística mediante la mirada temporal de astros unicelulares, capaces de eclosionar para generar un universo en continuo movimiento centrífugo. Atmósferas cromáticas de círculos perfectos en rotación —una vez tejidos y ahora deshilvanados— cuyo transporte de cuerpos, energías fragmentarias y melancolías poliédricas, nos impelen a participar en su órbita.
Por otro lado, los desarrollos cromáticos de Carmen Pascual, en los que manifiesta su componente de acotación geométrica, como marco lúdico en el que ordenar con esmero su imaginario cultural y vivencial. En las franjas de colores que inundan toda la representación del papel, evocadoras del paisaje abancalado y estacional del Valle del Jerte o acaso de las tradiciones textiles de la comarca, se vislumbran la espacialidad corporal del lugar. Este monólogo personal sintetiza la gratitud expandida en esos campos liminares infinitos que recorren su pasado y presencia cotidianos.
En ambos casos la plástica nos da la oportunidad de reflexionar acerca de la mente, sus conflictos y grandezas, para estar al lado de la salud y facilitar el bienestar de las personas dependientes, haciendo una sociedad más humana por medio del arte con la intención de alimentar el alma como encuentro con uno mismo y como ofrenda hacia los demás.
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